Estuve pensando en tus
preguntas, Joan. Creo que no son del todo francas. Si lo fuesen no esperarías
una respuesta determinada y cualquier respuesta te vendía bien. Como tantas
otras veces tengo la sensación que intentas prevenir cualquier cargo de
conciencia. Necesitas alguien que confirme tus decisiones como correctas. El
miedo a equivocarte te paraliza. Si aceptaste escribir una columna semanal en
el Diari de Girona es porque estás dispuesto a correr hasta las últimas
consecuencias. Pero tengo que decirte que optaste por el camino más fácil. Los
movimientos sociales es un tema que está a la orden del día. Tu postra no hace
ningún tipo de aportación a la humanidad. A mí sinceramente me da igual. No me
importa si lo que dices es verdad o mentira. Me duele que intentes justificar
que escribes sobre estos temas como un proceso de crecimiento personal. Me
molesta que quieras convencer a tus lectores de algo que hasta hace dos días no
creías. Voy a decirte lo que pasó. Te pareció que escribir de forma
reivindicativa era la mejor forma de ganar notoriedad. El deseo de
reconocimiento se presentó a tu puerta junto con la oferta de escribir una
columna. Y lo que es peor, empezaste a creer que tu pensamiento tenía que
representar tus escritos. Resulta que ahora haces proselitismo de tus ideas. Entonces
te dedicas a propagar la idea de reivindicación social y participación
ciudadana. Me desagrada ver como las ideas se adaptan a la realidad, cuando
debería ser al revés. Todo lo que escribes es pura hipocresía. No estoy
cuestionando tu trabajo. A pesar que los artículos son malos y no tienen ningún
tipo de aportación personal. Repetir como un loro lo que otros dijeron parece
sinónimo de erudición. Me alegro que tengas trabajo y que a la gente le
interese leer lo que escribes. Sin embargo, conociéndote como te conozco me
molesta que intentes embaucarme a través de una serie de preguntas tendenciosas
a cuestionar mi conciencia.
lunes, 28 de noviembre de 2011
jueves, 24 de noviembre de 2011
Capítulo 18
De la misma manera que
algunas personas no cambian nunca, otras estamos destinadas a una continua
trasformación. Joan dice que hubo un libro que cambió su vida. A partir de ese
momento su porvenir adquirió una dimensión nueva, nada volvió a ser como antes.
Con bastante frecuencia Joan regresa a algún pasaje de aquel libro o
simplemente a la forma en que éste acabó influyendo en su vida. A partir de
aquel momento su máxima aspiración es escribir un libro que cambie la
concepción que tienen los lectores de la realidad aportando una nueva óptica.
Conceptualmente me parece estupendo. Un plan magistral. Un proyecto absoluto.
Sin embarbo cambiar la vida de los demás no parece muy interesante si ello no
repercute en uno mismo.
Siempre me sentía atraído por la idea de la trasformación, llegando a considerar
que después de dar dos pasos en cualquier dirección nada puede volver a ser
igual. Me miro al espejo y, a veces, no me reconozco. Me aburro, me aburro y me
aburro. No quiero ser siempre la misma persona. Encuentro puntos de inflexión en
cada esquina. Algunas personas necesitan un largo proceso para gestionar sus
cambios. Cada uno encuentra sus propio input. Es la última vez. Nunca más. A
partir de mañana. Muchas veces las declaraciones de intenciones no son más que
una metodología para posponer la decisión y entonces se dan cuenta que el
mañana nunca llega. Cada día me siento menos Boris Nebula y más Gastón Carsac.
El espejo ya no me devuelve la imagen de un desconocido que se arrepiente de
ser lo que es. No hay un solo libro, ni un amanecer, ni una canción. La
metamorfosis en constante.
Tiempo atrás escuche el
caso de un tipo que desarrollo un método para hipnotizar a la gente. Habitualmente
lo usaba para robar o seducir a las mujeres. A eso se le puede llamar sacar
claro provecho. Para ser más claro, si uno no puede cambiar su propia vida
tampoco puede cambiar la de las otras personas.
domingo, 20 de noviembre de 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
Capítulo 16
Dice Esther que soy un
creído y un pedante. Un alto grado de resentimiento motiva sus palabras. Una
crítica reciente que dirigí hacia su persona parece haber herido su
susceptibilidad. Desde que su hermana se separó del novio es evidente que
Esther se ha vuelto una persona monotemática, si es que ya no lo era con anterioridad.
Cualquier cosa que suceda en el mundo es capaz de relacionarla con el pobre
niño que todavía no cumplió dos años y le han colgado una mochila llena de
problemas. El novio no solo abandonó a Cristina y al niño sino que desapareció
de la faz de la tierra sin dejar más explicación que una pequeña nota en la que
decía: esto no es para mí. Me atrevería decir que cada uno tiene lo que se
merece. No me gustan las frases hechas pero en este caso creo que encaja
perfectamente con la hermana de Esther.
Ahora Cristina interpreta
el papel de víctima. Una estrategia para llamar la atención que a su vez permite a Esther interpretar el papel de
salvadora. Estoy convencido que abrió sus puertas reclamando ayuda y Esther
literalmente la invadió. El sistema no parece dar soporte alguno a las madres
solteras, los recursos para una crianza integral son insuficientes en la
ciudad, los horarios de las guarderías son incompatibles con las madres
trabajadoras, las instalaciones infantiles están descuidadas, los parques están
repletos de padres nefastos que repiten un modelo de crianza obsoleto que se
base de gritos y sarcasmo. Esther defiende a rajatabla toda una serie de
teorías de crianza natural que distan enormemente del contexto en el que
vivimos. No estoy haciendo una crítica de valores sobre lo que es correcto o
incorrecto, solamente digo que su discurso serviría para una comunidad en la
que todos adscribiesen a la idea idílica de volver a la naturaleza para vivir
en armonía.
Me atrevería a afirmar
que la palabra “debería” ha ganada tal preponderancia que es una de las más
recurrentes en cada conversación con Esther. Las consignas precedidas de esta
palabra se transforman en juicios. Cuando sus palabras son portadoras de verdad
no hace otra cosa que ponerse por encima de todos aquellos que se equivocan. A
pesar de esta actitud, indiscutiblemente altanera, Esther se atreve a ir
diciendo que Boris Nebula es un creído y un pedante.
No pretendo convencer a
nadie ni negarlo, soy todo eso que dices y mucho más. Confío en que de cada
momento estoy sacando el máximo de provecho. La vanidad es un requisito para la
autoestima. Si yo no creo en mí mismo no puedo pretender que nadie lo haga. Sin
embargo, Esther, me molesta que lo digas y te creas con autoridad suficiente
como para criticarme y manifiestes de forma sibilina todo aquello que consideras
debería ser.
sábado, 12 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Capítulo 14
Cuando la inspiración se
acaba lo único que queda es el oficio. Cada vez que escucho a Joan hablar de su
vocación literaria siento que lo hace con la finalidad justificar su
inactividad en una búsqueda constante de inspiración. No hace falta ser muy
inteligente para darse cuenta que ser escritor es un oficio, que requiere
sobretodo trabajo y constancia. El interés que demuestra Joan últimamente por
saber algo sobre la vida de Mateo Couto no es más que la desesperada necesidad
de encontrar un punto de partida que de comienzo a su narración.
Conocí Mateo en el
período de prácticas profesionales correspondiente a un ciclo formativo en
Marketing. Era enero de 2007. Una importante empresa de servicios turísticos
acababa de incorporar como becarios a un grupo de estudiantes entre los que se
encontraba Mateo Couto y yo. Por su parte Mateo había ingresado en el
departamento informático, mientras que yo en el departamento de marketing. En
poco tiempo me di cuenta que su virtud era aparentar una actitud proactiva
mediante la cual llevaba la iniciativa y delegaba constantemente
responsabilidades.
La historia de Mateo
Couto es igual que todas las historias. A partir de una serie de certezas la
literatura se encarga de su reconstrucción. La intensidad que busca Joan
difícilmente la encuentre en mis conversaciones. La fuerza de todo relato se
vislumbra en la capacidad que tiene el autor de dejarse llevar por la propia
narración. La mayor dificultad con la que se topa Joan es el alto grado de
exigencia con el que recubre cada uno de sus proyectos. Algo muy grande le
tiene que haber sucedido. El sentimiento de culpa es su mayor tormento. El
miedo lo paraliza. Es incapaz de ceñirse a un plan y desvanecerse en la
narración.
La gran virtud de Mateo
Couto es que llegó hasta las últimas consecuencias. Llevó a cabo un plan
exquisito. Sin ningún miramiento ejecutó su propia venganza. Como si fuésemos
marionetas, usó a todas las personas que nos cruzamos en su camino. No tengo
nada que reprocharle. La determinación de vengarse de aquellos que alguna vez
le hicieron daño lo llevó a considerarnos parte de un plan que estaba a un
nivel superior de cualquier relación que pudiésemos entablar. Una vez consumado
el macabro artilugio de desquite, como por arte de magia, Mateo Couto, se
esfumó. Hizo lo que el resto de personas no se atrevió a hacer: fue
incondicional a su plan y con él desapareció.
domingo, 6 de noviembre de 2011
jueves, 3 de noviembre de 2011
Capítulo 12
Capítulo 12
Hoy, cuando
volvía de tomar unas cervecitas en el bar Ithaca me detuvo la policía. Estaba
sentado en uno de los bancos del paseo grabando un vídeo en el que se podía
apreciar el puerto de fondo. En el vídeo hablaba de las desigualdades con las
que convivimos a diario. También hablaba del daño que le hacen al mundo los
especuladores. Había escogido justamente ese escenario para poder mostrar
algunos yates que pasan todo el año en un amarre y apenas se usan unas pocas
veces durante todo el verano. Reflexionaba sobre Esther, a quien últimamente
veo con bastante frecuencia. Juraría que se propuso reconducir mi vida por la
senda de los optimistas y me busca constantemente para instruirme con su faceta
mas trascendental.
Lo cierto es que
el patrullero se aproximó a considerable velocidad. Con tranquilidad aunque con
gran determinación uno de los agentes me pidió que levantase los brazos en
paralelo al suelo, como si estuviese haciendo el avión.
Después de
revisarme comenzó su su perorata. Comprendí que aquella marioneta que se
encontraba frente a mí, estaba siguiendo al pie de la letra el procedimiento
estipulado. Ciñéndose al principio de eficacia que el cuerpo policial les exige
a sus agentes. Tuve la sensación de que necesitaba generar un determinado
número de informes o detenciones, con el fin de ganarse el sueldo o justificar
su desempeño.
<Qué está
haciendo usted aquí?> me interrogó con firmeza.
A punto estuve de
decirle que estaba disfrutando de ahora permanente y del presente continuo, y
una serie de frases con la que Esther intenta introducirme en el mundo de la
espiritualidad. Sin embargo supuse que debía mantenerme dentro de la corrección
planteada por el oficial.
Antes que pudiera
completar mi explicación sobre las filmaciones me interrumpió interrogándome se
llevaba algún tipo de arma. Lo cual me pareció absurdo porque su compañero
acababa de cachearme. Después de negarlo rotundamente le explique que mi
revolución se centraba en las palabras.
<A qué tipo de
revolución se refiere?> preguntó con hosquedad.
En ese momento me
recrimine a mi mismo esa palabras. Si quería que el procedimiento acabara con
la mayor brevedad posible lo mejor era aminorar la marcha y adoptar un discurso
menos provocador. <La revolución más grande que existe pasa por conocerse a
uno mismo, le dije parafraseando a mi Esther.
<¿Con qué
finalidad hace usted esas grabaciones?>
<Supongo que
es un momento importante de mi vida y deseo llevar un registro.>
Entonces el
policía retomo el guión procedimental y con gran profesionalismo intentó
legitimar la conversación utilizando un lenguaje técnico con la clara intención
de asustarme.
<No tengo nada
que ocultar, así que por favor agilicemos el proceso y terminemos con esto lo
antes posible. Haga las preguntas correspondientes al caso, verifique mi
identidad o lo que sea necesario para que acabe esto y pueda seguir
deleitándole con las vistas.> Al acabar ésta frase pensé que mi osadía me
jugaría en contra, pero no fue así. La cosa duró poco y en cuanto los policías
se retiraron, el que había llevado el hilo de la conversación se detuvo y me
miró con cara de desconcertado. En un principio parecía tener una gran
curiosidad por desvelar el por qué de mis grabaciones pero rápidamente, supongo
que cuando se dio cuento que no era un asesino, perdió todo interés.
Durante la
conversación no hice otra cosa que penar en Enric, el amigo de Mateo Couto que
se había propuesto hacer las oposiciones para entrar en el cuerpo de policia,
argumentando que era la mejor forma de trabajar poco y ganar mucho dinero.
Me acordé que
Enric era un tipo nefasto cinco años trabajando en una línea de montaje de una
fábrica. Y no sabía como hacer para sentarse a estudiar.
Si algo sabía
Mateo Couto era motivar a la gente, o embaucarla según el caso. A Enric lo
ayudó a generar un complejo sistema de nemotécnia que acompañado con un cocktail
de estupefacientes le ayudaría a concentrarse y mantenerse despierto durante
durante largas. Finalmente Enric aprobó las oposiciones y entró en la academia.
Desde aquel momento le perdimos el rastro.
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