Dice Esther que soy un
creído y un pedante. Un alto grado de resentimiento motiva sus palabras. Una
crítica reciente que dirigí hacia su persona parece haber herido su
susceptibilidad. Desde que su hermana se separó del novio es evidente que
Esther se ha vuelto una persona monotemática, si es que ya no lo era con anterioridad.
Cualquier cosa que suceda en el mundo es capaz de relacionarla con el pobre
niño que todavía no cumplió dos años y le han colgado una mochila llena de
problemas. El novio no solo abandonó a Cristina y al niño sino que desapareció
de la faz de la tierra sin dejar más explicación que una pequeña nota en la que
decía: esto no es para mí. Me atrevería decir que cada uno tiene lo que se
merece. No me gustan las frases hechas pero en este caso creo que encaja
perfectamente con la hermana de Esther.
Ahora Cristina interpreta
el papel de víctima. Una estrategia para llamar la atención que a su vez permite a Esther interpretar el papel de
salvadora. Estoy convencido que abrió sus puertas reclamando ayuda y Esther
literalmente la invadió. El sistema no parece dar soporte alguno a las madres
solteras, los recursos para una crianza integral son insuficientes en la
ciudad, los horarios de las guarderías son incompatibles con las madres
trabajadoras, las instalaciones infantiles están descuidadas, los parques están
repletos de padres nefastos que repiten un modelo de crianza obsoleto que se
base de gritos y sarcasmo. Esther defiende a rajatabla toda una serie de
teorías de crianza natural que distan enormemente del contexto en el que
vivimos. No estoy haciendo una crítica de valores sobre lo que es correcto o
incorrecto, solamente digo que su discurso serviría para una comunidad en la
que todos adscribiesen a la idea idílica de volver a la naturaleza para vivir
en armonía.
Me atrevería a afirmar
que la palabra “debería” ha ganada tal preponderancia que es una de las más
recurrentes en cada conversación con Esther. Las consignas precedidas de esta
palabra se transforman en juicios. Cuando sus palabras son portadoras de verdad
no hace otra cosa que ponerse por encima de todos aquellos que se equivocan. A
pesar de esta actitud, indiscutiblemente altanera, Esther se atreve a ir
diciendo que Boris Nebula es un creído y un pedante.
No pretendo convencer a
nadie ni negarlo, soy todo eso que dices y mucho más. Confío en que de cada
momento estoy sacando el máximo de provecho. La vanidad es un requisito para la
autoestima. Si yo no creo en mí mismo no puedo pretender que nadie lo haga. Sin
embargo, Esther, me molesta que lo digas y te creas con autoridad suficiente
como para criticarme y manifiestes de forma sibilina todo aquello que consideras
debería ser.
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