jueves, 24 de noviembre de 2011

Capítulo 18

De la misma manera que algunas personas no cambian nunca, otras estamos destinadas a una continua trasformación. Joan dice que hubo un libro que cambió su vida. A partir de ese momento su porvenir adquirió una dimensión nueva, nada volvió a ser como antes. Con bastante frecuencia Joan regresa a algún pasaje de aquel libro o simplemente a la forma en que éste acabó influyendo en su vida. A partir de aquel momento su máxima aspiración es escribir un libro que cambie la concepción que tienen los lectores de la realidad aportando una nueva óptica. Conceptualmente me parece estupendo. Un plan magistral. Un proyecto absoluto. Sin embarbo cambiar la vida de los demás no parece muy interesante si ello no repercute en uno mismo.

Tiempo atrás escuche el caso de un tipo que desarrollo un método para hipnotizar a la gente. Habitualmente lo usaba para robar o seducir a las mujeres. A eso se le puede llamar sacar claro provecho. Para ser más claro, si uno no puede cambiar su propia vida tampoco puede cambiar la de las otras personas.

Siempre me sentía atraído por la idea de la trasformación, llegando a considerar que después de dar dos pasos en cualquier dirección nada puede volver a ser igual. Me miro al espejo y, a veces, no me reconozco. Me aburro, me aburro y me aburro. No quiero ser siempre la misma persona. Encuentro puntos de inflexión en cada esquina. Algunas personas necesitan un largo proceso para gestionar sus cambios. Cada uno encuentra sus propio input. Es la última vez. Nunca más. A partir de mañana. Muchas veces las declaraciones de intenciones no son más que una metodología para posponer la decisión y entonces se dan cuenta que el mañana nunca llega. Cada día me siento menos Boris Nebula y más Gastón Carsac. El espejo ya no me devuelve la imagen de un desconocido que se arrepiente de ser lo que es. No hay un solo libro, ni un amanecer, ni una canción. La metamorfosis en constante.

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