lunes, 31 de octubre de 2011
viernes, 28 de octubre de 2011
Capítulo 10
Algunas personas eligen
un camino al que se ciñen estrictamente hasta alcanzar su meta. Al focalizar
sus esfuerzos trabajan con gran determinación. La perseverancia es su virtud y
su razón de ser. Mientras que otras se dejan llevar por lo que consideran los
designios del destino o la suerte. En esta segunda categoría se encuentra
Enrique. Abrazado a la idea de trasformarse en un artista pero sin atreverse.
Tuvo miedo a que las amenazas de sus padres se hicieran realidad y de un día
para el otro le cortasen los víveres. Mientras estudiaba psicología en la
Universidad de Barcelona pensaba en unos lienzos o en unas críticas al arte
contemporáneo que nunca lograron materializarse. Aparentaría estudiar, mientras
preparaba exposiciones y visitaba los talleres de todos los artistas de la
ciudad. Un día me confesó que aquel era su plan primigenio pero que finalmente
no tuvo las agallas suficientes para concretarlo.
Desde mi punto de vista
Enrique no supo decantarse para ningún lado y se quedó naufragando en la
indecisión. Es verdad que acabó la carrera de psicología. Pero en aquellos años
sus pensamientos se contaminaron con la sensación continua de desazón. Ahora
que encontró forma de vida estable siente el remordimiento de no haber luchado
por sus sueños. Esta actitud tiene algo de hipócrita. Una decisión, por norma
general, suele implicar la negación de otra. Pregúntate qué es lo que realmente
quieres y cíñete hasta el final.
martes, 25 de octubre de 2011
sábado, 22 de octubre de 2011
Capítulo 8
La única forma de no
dejarse amedrentar por los acontecimientos es actuar con valentía frente al fracaso.
Fracasar es una forma de clarificar la situación. Ajustar las coordenadas y
emprender nuevo rumbó con más bravura, aún si cabe, de la que traíamos. Una
llamada de atención, un balde de agua fía, un cachetazo que nos invita con
urgencia a espabilar.
En este último tiempo he
percibido que Joan está pasando una mala época. Aunque intente aparentar lo
contrario no hace más que evidenciarlo. Confía en que estoy desvelado, y no se
equivoca, para llamame a cualquier hora de la noche con la intención de hablar
o salir a tomar unas cervezas. ¿Que pasó Joan se te fue la inspiración? Antes
no salías porque estabas muy ocupado forjando tu destino de escritor y ahora me
buscas con insistencia. ¿Dónde está aquella bravura de antaño? Necesitabas
decirlo todo. La vida era parte de un cuento y todos conformábamos los
personajes de tus narraciones. No se lo qué fue lo que pasó pero es evidente
que te carcome la cabeza.
<A lo hecho pecho>
diría Enrique, con su eterna manía de citar otras personas y repetir frases
hechas.
Tu repentino interés por la
vida de Mateo Couto, me llama la atención. Me arriesgaría a decir que
repentinamente eres incapaz de escribir. No encuentras un misterio
suficientemente sólido para sustentar la historia que te abra las puestas del
mundo editorial y te catapulte como un escritor diferente dentro del panorama
de las jóvenes promesas. Así podrás dejar de escribir esos artículos
periodísticos que envías a
publicaciones de medido
pelo con la intención de hacerte un nombre y poder vivir de ello. La carrera de
periodismo en vez de ampliar tu horizonte acabó marcando unos parámetros que
limitan tu escritura y te paralizan.
La historia de Mateo
Couto te intriga porque nunca llegaste a entenderla. Cuesta creer que aquel
insignificante muchachito de gafas haya realizado todo aquello que ninguno de
nosotros tuvo el valor de perpetrar. Una venganza perfecta cuyo origen nunca
acabaremos de esclarecer. El extraño método con el cual nos manipuló a todos
haciéndonos cómplices involuntarios de su particular desquite. Finalmente hizo
estallar su artificio y la mierda salpicó a todos aquellos que alguna vez le
hicieron daño y en particular al juez de menores que diez años atrás, por el
simple hecho de fumar un porro en la vía pública, lo condenó nueve meses de
trabajo para la comunidad y a un estricto régimen de control. Después
desapareció, y seguramente se fue con una sonrisa dibujada en la cara.
Bajo esta perspectiva,
Joan, todo lo que no conoces constituye un misterio y podrías escribir miles de
historias sobre la vida de Mateo Couto. De la misma manera que podrías escribir
sobre cualquier persona que actúa movilizada por unas razones puramente
individuales y no se justifica ante nadie. Si necesitas el principio de la
narración, empieza diciendo que Mateo Couto hizo que lo que tenía que hace,
pegó media vuelta, se fue y desapareció para siempre.
¿Hay algo más, Joan? Algo
que yo no sé y no te atreves siquiera de explicar en tus ficciones. Para
encontrarse a uno mismo no alcanza con buscar, hace falta primeramente estar
perdido.
miércoles, 19 de octubre de 2011
domingo, 16 de octubre de 2011
Capítulo 6
Lo más cercano a la
eternidad es el presente. El ansia de trascender es verdaderamente una
estupidez. La mayoría de las cosas que hoy admiramos dentro de 100 años habrán
desaparecido, y ni hablar dentro de doscientos. Uno de cada mil millones de
escritores trascenderá este tiempo. Uno de cada mil millones de deportistas
será apenas recordado. El futuro es un espejismo que nunca llega, un engaño. Quien
atrape el presente se habrá aproximado mínimamente a la inmortalidad.
Hace escasos día me llamó
notoriamente la atención la forma en que Enrique criticó un trabajo de Joan,
diciéndole a la cara que era una verdadera porquería.
<Cómo puedes criticar
un trabajo que tanto esfuerzo me constó> argumentó Joan.
<Una cosa no tiene
nada que ver con la otra> contestó Enrique <tu esfuerzo es admirable pero
el resultado es pésimo.>
En la actualidad hablar
con franqueza está mal visto, y sin embargo mentir también está condenado.
Cuanta hipocresía Joan. A mi tampoco me gustó tu trabajo. No te ofendas, lo único
que conseguirás es que la gente no te diga la verdad. Partiendo de la base que
trabajabas un concepto demasiado trillado. Si el arte no busca crear nuevos
paradigmas lo único que consigue es repetirse. Si hay un punto para destacar es
la búsqueda de trasgredir los límites del lenguaje a la que haces referencia al
final del trabajo. A pesar de resultarme un concepto interesante me parecía que
te estabas justificando por no poder decir todo lo que quisieras. Es incuestionable
que no se puede trasmitir todo lo que se siente. Pero creo que si haces tan
evidente la imposibilidad de capturar con palabras determinados sentimientos lo
único que consigues es una redundancia. Es evidente que el interlocutor
completa el significado en su cabeza. No hace falta ni decirlo ni sugerirlo. Lo
que insinúas con tanta caridad, y sin embargo no dices, genera el efecto
contrario al deseado. Y contribuye a una retórica llena de hipocresía en la
cual se dice más de lo que se significa.
jueves, 13 de octubre de 2011
lunes, 10 de octubre de 2011
Capítulo 4
Desde que somos pequeños
se nos reprimen de forma sistemática. No, es la palabra más usadas por los
adultos para dirigirse a los niños. En su afán pedagógico los padres se
empecinan en impartir ordenes a los niños, indicándoles constantemente lo que deben
de hacer: dale un beso, saluda, se dice gracias, no hagas eso, no juegues a la
pelota de esta manera, y una lista interminable de instrucciones. De esta
manera los adultos sientan los precedentes de lo correcto y de lo incorrecto.
El bien y el mal se introducen en el inconciente, acompañados de una serie de
preceptos que a modo de mandamientos sagrados sirven para reprimir determinadas
conductas. Los adultos ven la oportunidad única de se por una vez en la vida
los que mandan. Mediante los castigos llegan a su punto álgido de poderío.
En definitiva es un
modelo aprendido. La mayoría de las personas al llegar a su etapa adulta no
saber redireccionar esta situación y repiten el legado. Se sienten a seres
superiores y a su vez caritativos castigan al niño por su propio bien. Esta
represión, llamémosle cariñosa, genera una angustia constante en el niño que se
siente continuamente cuestionado y busca la aprobación los adultos. Desde
aquellos primeros años de vida se viene estimulando el sentimiento de
culpabilidad.
La concepción
evolucionista también contribuye a que el hombre vea como algo natural que la
idea de la supervivencia del más fuerte situando a las diferentes especies una
por encima de la otra. La aceptación de esta estructura escalonada promueve el
pensamiento de que unos son superiores a otros.
De esta manera el
sentimiento de superioridad está contaminado por la culpa. La gente se siente
culpable de la mayoría de sus acciones y busca paliativos que laven su
conciencia. El concepto de capitalismo ético es un excelente ejemplo. Algunos
productos vienen con la etiqueta de la solidaridad porque mediante su consumo
se aporta a una causa mayor, ya sea ecológica o de aportación a proyectos
sociales, y consumiendo estos productos la gente puede tener la conciencia
limpia. Cada persona encuentra su propio camino, eso es indiscutible, pero
personalmente no puedo decir otra cosa que ese tipo de auto engaño es
detestable, especialmente cuando los que obran de esta manera intentan
convencer al resto de la humanidad que esa es la forma correcta de obrar.
viernes, 7 de octubre de 2011
martes, 4 de octubre de 2011
Capítulo 2
Anoche llovía
torrencialmente. Después de cenar un trozo tarta de espinacas, sobra de la
noche anterior, decidí ver una película y acostarme temprano. Supuse que me
haría bien una noche de descanso entre tanta farra interrumpida. No me canso de
decir que la noche me atrapar. Apenas el sol se oculta siento que la fiesta
está a puto de empezar y no puedo perdérmela, por nada del mundo. La vida es
una fiesta. La noche me devuelva la vitalidad y las ganas de experimentar.
Durante el día la hipocresía habita a sus anchas en la rutina, lo
preestablecido o las convenciones. Las personas temerosas, los que no se
atreven a arriesgarse, aquellos que si los arrancamos de sus esquemas se
pierden y son incapaces de improvisar una salida. Ese es el tipo de gente que
piensa que piensan que la hipocresía se oculta en la oscuridad, como un animal
maligno que acecha su presa y se disfraza en el alcohol y las drogas. Cada cual
que piense lo que quiera. Yo simplemente afirmo que la noche desvela al
verdadero ser que llevamos dentro.
La próxima vez le pondré
más queso a la tarta, incluso puede que le ponga algunas pasas. La película
debe ser rematadamente buena, ni bien el protagonista se enfrentó con su
hermano, echándole en cara que no se hacía cargo de su padre, mi vinieron unas
ganas terribles de salir, y hacerme cargo de la lluvia, mojarme un poco, dejar
de pelear contra mi naturaleza.
sábado, 1 de octubre de 2011
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