martes, 4 de octubre de 2011

Capítulo 2


Anoche llovía torrencialmente. Después de cenar un trozo tarta de espinacas, sobra de la noche anterior, decidí ver una película y acostarme temprano. Supuse que me haría bien una noche de descanso entre tanta farra interrumpida. No me canso de decir que la noche me atrapar. Apenas el sol se oculta siento que la fiesta está a puto de empezar y no puedo perdérmela, por nada del mundo. La vida es una fiesta. La noche me devuelva la vitalidad y las ganas de experimentar. Durante el día la hipocresía habita a sus anchas en la rutina, lo preestablecido o las convenciones. Las personas temerosas, los que no se atreven a arriesgarse, aquellos que si los arrancamos de sus esquemas se pierden y son incapaces de improvisar una salida. Ese es el tipo de gente que piensa que piensan que la hipocresía se oculta en la oscuridad, como un animal maligno que acecha su presa y se disfraza en el alcohol y las drogas. Cada cual que piense lo que quiera. Yo simplemente afirmo que la noche desvela al verdadero ser que llevamos dentro.

La próxima vez le pondré más queso a la tarta, incluso puede que le ponga algunas pasas. La película debe ser rematadamente buena, ni bien el protagonista se enfrentó con su hermano, echándole en cara que no se hacía cargo de su padre, mi vinieron unas ganas terribles de salir, y hacerme cargo de la lluvia, mojarme un poco, dejar de pelear contra mi naturaleza.

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