Desde que somos pequeños
se nos reprimen de forma sistemática. No, es la palabra más usadas por los
adultos para dirigirse a los niños. En su afán pedagógico los padres se
empecinan en impartir ordenes a los niños, indicándoles constantemente lo que deben
de hacer: dale un beso, saluda, se dice gracias, no hagas eso, no juegues a la
pelota de esta manera, y una lista interminable de instrucciones. De esta
manera los adultos sientan los precedentes de lo correcto y de lo incorrecto.
El bien y el mal se introducen en el inconciente, acompañados de una serie de
preceptos que a modo de mandamientos sagrados sirven para reprimir determinadas
conductas. Los adultos ven la oportunidad única de se por una vez en la vida
los que mandan. Mediante los castigos llegan a su punto álgido de poderío.
En definitiva es un
modelo aprendido. La mayoría de las personas al llegar a su etapa adulta no
saber redireccionar esta situación y repiten el legado. Se sienten a seres
superiores y a su vez caritativos castigan al niño por su propio bien. Esta
represión, llamémosle cariñosa, genera una angustia constante en el niño que se
siente continuamente cuestionado y busca la aprobación los adultos. Desde
aquellos primeros años de vida se viene estimulando el sentimiento de
culpabilidad.
La concepción
evolucionista también contribuye a que el hombre vea como algo natural que la
idea de la supervivencia del más fuerte situando a las diferentes especies una
por encima de la otra. La aceptación de esta estructura escalonada promueve el
pensamiento de que unos son superiores a otros.
De esta manera el
sentimiento de superioridad está contaminado por la culpa. La gente se siente
culpable de la mayoría de sus acciones y busca paliativos que laven su
conciencia. El concepto de capitalismo ético es un excelente ejemplo. Algunos
productos vienen con la etiqueta de la solidaridad porque mediante su consumo
se aporta a una causa mayor, ya sea ecológica o de aportación a proyectos
sociales, y consumiendo estos productos la gente puede tener la conciencia
limpia. Cada persona encuentra su propio camino, eso es indiscutible, pero
personalmente no puedo decir otra cosa que ese tipo de auto engaño es
detestable, especialmente cuando los que obran de esta manera intentan
convencer al resto de la humanidad que esa es la forma correcta de obrar.
Boris pensador, cuál es el camino de la espontaneidad?
ResponderEliminarYo no puedo tener un verso dulce
ResponderEliminarque anestesie el llanto de los niños
y mueva suavemente las hamacas como una brisa esclava.
Porque yo no he venido aquí a hacer dormir a nadie.
Además... esa tempestad ¿quién la detiene?
León Felipe