Algunas personas eligen
un camino al que se ciñen estrictamente hasta alcanzar su meta. Al focalizar
sus esfuerzos trabajan con gran determinación. La perseverancia es su virtud y
su razón de ser. Mientras que otras se dejan llevar por lo que consideran los
designios del destino o la suerte. En esta segunda categoría se encuentra
Enrique. Abrazado a la idea de trasformarse en un artista pero sin atreverse.
Tuvo miedo a que las amenazas de sus padres se hicieran realidad y de un día
para el otro le cortasen los víveres. Mientras estudiaba psicología en la
Universidad de Barcelona pensaba en unos lienzos o en unas críticas al arte
contemporáneo que nunca lograron materializarse. Aparentaría estudiar, mientras
preparaba exposiciones y visitaba los talleres de todos los artistas de la
ciudad. Un día me confesó que aquel era su plan primigenio pero que finalmente
no tuvo las agallas suficientes para concretarlo.
Desde mi punto de vista
Enrique no supo decantarse para ningún lado y se quedó naufragando en la
indecisión. Es verdad que acabó la carrera de psicología. Pero en aquellos años
sus pensamientos se contaminaron con la sensación continua de desazón. Ahora
que encontró forma de vida estable siente el remordimiento de no haber luchado
por sus sueños. Esta actitud tiene algo de hipócrita. Una decisión, por norma
general, suele implicar la negación de otra. Pregúntate qué es lo que realmente
quieres y cíñete hasta el final.
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