La única forma de no
dejarse amedrentar por los acontecimientos es actuar con valentía frente al fracaso.
Fracasar es una forma de clarificar la situación. Ajustar las coordenadas y
emprender nuevo rumbó con más bravura, aún si cabe, de la que traíamos. Una
llamada de atención, un balde de agua fía, un cachetazo que nos invita con
urgencia a espabilar.
En este último tiempo he
percibido que Joan está pasando una mala época. Aunque intente aparentar lo
contrario no hace más que evidenciarlo. Confía en que estoy desvelado, y no se
equivoca, para llamame a cualquier hora de la noche con la intención de hablar
o salir a tomar unas cervezas. ¿Que pasó Joan se te fue la inspiración? Antes
no salías porque estabas muy ocupado forjando tu destino de escritor y ahora me
buscas con insistencia. ¿Dónde está aquella bravura de antaño? Necesitabas
decirlo todo. La vida era parte de un cuento y todos conformábamos los
personajes de tus narraciones. No se lo qué fue lo que pasó pero es evidente
que te carcome la cabeza.
<A lo hecho pecho>
diría Enrique, con su eterna manía de citar otras personas y repetir frases
hechas.
Tu repentino interés por la
vida de Mateo Couto, me llama la atención. Me arriesgaría a decir que
repentinamente eres incapaz de escribir. No encuentras un misterio
suficientemente sólido para sustentar la historia que te abra las puestas del
mundo editorial y te catapulte como un escritor diferente dentro del panorama
de las jóvenes promesas. Así podrás dejar de escribir esos artículos
periodísticos que envías a
publicaciones de medido
pelo con la intención de hacerte un nombre y poder vivir de ello. La carrera de
periodismo en vez de ampliar tu horizonte acabó marcando unos parámetros que
limitan tu escritura y te paralizan.
La historia de Mateo
Couto te intriga porque nunca llegaste a entenderla. Cuesta creer que aquel
insignificante muchachito de gafas haya realizado todo aquello que ninguno de
nosotros tuvo el valor de perpetrar. Una venganza perfecta cuyo origen nunca
acabaremos de esclarecer. El extraño método con el cual nos manipuló a todos
haciéndonos cómplices involuntarios de su particular desquite. Finalmente hizo
estallar su artificio y la mierda salpicó a todos aquellos que alguna vez le
hicieron daño y en particular al juez de menores que diez años atrás, por el
simple hecho de fumar un porro en la vía pública, lo condenó nueve meses de
trabajo para la comunidad y a un estricto régimen de control. Después
desapareció, y seguramente se fue con una sonrisa dibujada en la cara.
Bajo esta perspectiva,
Joan, todo lo que no conoces constituye un misterio y podrías escribir miles de
historias sobre la vida de Mateo Couto. De la misma manera que podrías escribir
sobre cualquier persona que actúa movilizada por unas razones puramente
individuales y no se justifica ante nadie. Si necesitas el principio de la
narración, empieza diciendo que Mateo Couto hizo que lo que tenía que hace,
pegó media vuelta, se fue y desapareció para siempre.
¿Hay algo más, Joan? Algo
que yo no sé y no te atreves siquiera de explicar en tus ficciones. Para
encontrarse a uno mismo no alcanza con buscar, hace falta primeramente estar
perdido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario