La felicidad está en la
antesala de la felicidad. Una frase magnífica, Esther. De tus últimas
sentencias me atrevería a decirte que es la mejor. Me encantaron sobretodo la
variedad de ejemplos desprendieron que esa frase. Recuerdo especialmente el de
la persona que planifica un viaje. En ese momento todos los presentes nos identificamos
con ella. Su ilusión se ve proyectada en cada uno de los pasajes de ese viaje
que de momento solamente existe en su imaginación y fantasía. El entusiasmo que
deposita en aquella aventura. Las ganas de respirar un aire nuevo, desconectar
y cambiar momentáneamente de realidad. El viaje todavía no ha comenzado y la
felicidad ya campa a sus anchas en la mente del viajero. Cuando llega el
momento del viaje los acontecimientos simplemente suceden. Muchas veces se
cumple estrictamente, como si fuese un deber, con aquello que se ha
planificado. La plenitud de aquel momento previo es inalcanzable. Incluso hay
personas que en pleno viaje vuelven a situarse en la antesala de la felicidad,
imaginándose la envidia que despertará en sus amigos cuando les enseñe las
fotos. Entonces se dedica a disparar a mansalva con su cámara última
generación. Puede ver las caras que pondrán sus amigos el día que los reúna en
su casa y proyecte las imágenes que en este mismo momento está capturando.
Apenas si ha comprado los pasajes y el viajero ya proyectó su felicidad hasta
en el más mínimo de los detalles.
Me atrevería a decir,
Esther, que es una de las citas más contundentes que has dicho en estos últimos
tiempos. Sin embargo me gustaría ir un poco más allá. De la misma manera que la
felicidad está en la antesala de la felicidad, la tristeza está en la antesala
de de tristeza. Para este caso también hay millares de ejemplos. Sin embargo
hay uno que especialmente me gustaría referenciar porque nos toca de cerca.
Recuerdo una temporada larga en la que Enrique vivía atemorizado porque veía
peligrar su puesto de trabajo. Imaginaba que no encontraría otro. La
alternativa de volver a vivir con sus pares lo aterrorizaba. Especuló con que
no le pagarían ningún tipo de indemnización. Dos años después finalmente lo
echaron. A las pocas semanas de haber cobrado la indemnización Enrique
consiguió un trabajo aún mejor del que tenía. La mala inversión es evidente. La
antesala no es más que una perdida de tiempo.
El estilo con el que
Ester envuelve todo su discurso de un cierto misticismo suele ser muy eficiente
cuando se rodea de personas que necesitan desesperadamente una fórmula que
puedan aplicar a su vida. A pesar que todas sus afirmaciones vienen precedidas
de referencias a filosofías orientales me atrevería a decir que todo viene del
mismo libro de autoayuda. Pequeñas recetas encapsuladas que reparte como
caramelos en la puesta de la escuela. Demasiado simple. La verdad es algo que
cada uno descubre por su cuenta. Ese tipo de sentencias, lejos de estimular el
pensamiento propio de sus interlocutores lo que busca son adeptos. La vida está
en la antesala de la vida. Hay vida antes de la muerte.
Boris, una vez se le preguntó a un niño que era la felicidad, él no sabía de antesalas, ni tampoco de filosofía. Su respuesta fue categórica, tal como son las respuestas infantiles, pero no por ello ingenua: "La felicidad es hablar, reír y dar besos". Demasiado simple?
ResponderEliminarEster sinhache
Si.
ResponderEliminarSupongo que después de esa respuesta le dieron un caramelo.
Las máximas de los niños son como comodines en una baraja de naipes, se pueden usar en cualquier sitio. También se puede citar el tiempo y decir cosas como: hace millones de años los hombres no necesitaban un i-pad para ser felices. Si te juntas con Esther puedes intercambiar este tipo de verdades. Acabarás reafirmando tus teorías y mejorando tu seguridad personal.
¿Qué estará haciendo aquel niño en este momento?