lunes, 9 de enero de 2012

Capítulo 29


Dice Joan que en su casa le inculcaron la necesidad de ser alguien en la vida. Lo dice con orgullo, como si eso fuese uno de los legados familiares más importantes de su vida. A mi entender el problema de ésta enseñanza es que promueve la aceptación de que existen dos tipos de personas: los que son alguien y los que no son nadie. La diferenciación entre estos dos grupos genera mucho más que una categorización. Promueve un tipo de pensamiento bilateral, como si la vida fuese una película de Hollywood donde se pueden distinguir los buenos y los malos. Un razonamiento bastante simple que amaga la pedantería de insinuar pertenecer al grupo superior. Acepto que existen diferentes categorías de personas y que algunos valemos más que otros. Sin embargo los parámetros con los que se mide a ambos grupos suelen ser bastante engañosos. Para empezar estoy convencido que a Joan no le sugirieron que ser alguien implicaba encontrase a sí mismo. Ni mucho menos una lucha por conocerse a fondo o la búsqueda de la armonía de quien conoce su razón de ser. Desde ningún punto de vista pretendo juzgar a los padres de Joan, que hicieron lo que buenamente pudieron, y lo hicieron mal, igual que todos los padres. No disponían de todas las alternativas, no sabían nada de pedagogía,  estaban demasiado influenciados por la realidad social de aquella época, o por lo que fuera. A pesar de sus buenas intenciones lo hicieron mal. El legado fue que debía destacar y obtener reconocimiento.

A todo esto había que añadir la metodología del fracasado. Es evidente que la Guerra Civil Española afectó a toda una generación, pero también sirvió de escondrijo a un montón de personas que no sabían lo que querían y encontraron en la coyuntura la escusa perfecta para justificar el hecho de no haber alcanzado sus sueños. Una quimera en la que creen sin remisión. Sus sueños truncados que son idealizados en una fantasía imposible. Por ese motivo proyectan sus sueños, en sus hijos, incitándolos a que los cumplan. El mensaje acaba siendo: yo sacrifiqué mi vida, incluso mis sueños, para que tú puedas ser alguien en la vida. Algunos padres utilizarán un sistema de extorsión basado en la culpa y se encargan de recriminar todo cuanto hicieron por sus hijos.

<Te cambié los pañales, te fui a buscar al colegio, te di de comer, te pagué los estudios> dicen como quien hace un ejercicio de memoria que a simple vista parece inocente pero que exige un reconocimiento y la obligación a no defraudar.

A pesar de haberse negado a estudiar abogacía, tal como le habían sugerido durante años, Joan nunca se desligó de las expectativas de éxito que sus padres le inculcaron. Alimentó el sueño de sus padres insinuando que acabaría siendo doctor y que a corto plazo se vincularía un selecto grupo de poder. Menuda tontería. Sin embargo, lo que realmente me resulta chocante es que Joan siga pensando que finalmente llagará a ser alguien en esta vida.

El peligro de esta postura, Joan, es que estás poniendo el listón muy alto. No hay un resquicio para una posición intermedia, o se triunfa o se fracasa. Esta postura podría parecer arriesgada, típicamente de alguien que se juega el todo por el todo. Sin embargo los parámetros de éxito vienen impuestos desde afuera y ahí radica la vulnerabilidad de esta enseñanza. A la hora de tomar una decisión difícilmente se pueden descifrar las expectativas de los demás. Todo aquello que tu padre no pudo ser viene implícito en el concepto de admiración que el mismo te enseño.

En aquel entonces mi realidad corría por avatares diferentes. En argentina el gobierno militar pegaba sus últimos coletazos, pero en casa vivíamos en una realidad paralela. Los contactos diplomáticos de papá y las relaciones de mamá me mantuvieron al margen de cualquier tipo de conflictos sociales. Además mamá estaba demasiado ocupada intentando ser la anfitriona perfecta de las veladas que ofrecía en casa para los círculos más exclusivos de la ciudad de Buenos Aires. Mientras que papá estaba demasiad ocupado en sus viajes o festejando a sus amantes. Afortunadamente intentaban inculcarme ser alguien. Las empleadas domésticas me criaban o me cuidaban, que para el caso es lo mismo. Ahora se que papá las correteaba por los pasillos y por eso mamá las despedía con tanta frecuencia. En casa nadie depositó demasiadas expectativas sobre lo que yo debería ser. Siempre fui lo que quise ser, dependiendo de las circunstancias y los humores. No estoy intentando decir que mi crianza fue mejor que la de Joan. Simplemente pretendo reforzar la idea del papel que juega impronta de nuestro pasado y la importancia de entender hasta qué punto actuamos influenciados por aquellas circunstancias. Identificar el origen puede ayudarnos a buscar una actitud basada en nuestra propia voluntad.     

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