lunes, 10 de octubre de 2011

Capítulo 4


Desde que somos pequeños se nos reprimen de forma sistemática. No, es la palabra más usadas por los adultos para dirigirse a los niños. En su afán pedagógico los padres se empecinan en impartir ordenes a los niños, indicándoles constantemente lo que deben de hacer: dale un beso, saluda, se dice gracias, no hagas eso, no juegues a la pelota de esta manera, y una lista interminable de instrucciones. De esta manera los adultos sientan los precedentes de lo correcto y de lo incorrecto. El bien y el mal se introducen en el inconciente, acompañados de una serie de preceptos que a modo de mandamientos sagrados sirven para reprimir determinadas conductas. Los adultos ven la oportunidad única de se por una vez en la vida los que mandan. Mediante los castigos llegan a su punto álgido de poderío.

En definitiva es un modelo aprendido. La mayoría de las personas al llegar a su etapa adulta no saber redireccionar esta situación y repiten el legado. Se sienten a seres superiores y a su vez caritativos castigan al niño por su propio bien. Esta represión, llamémosle cariñosa, genera una angustia constante en el niño que se siente continuamente cuestionado y busca la aprobación los adultos. Desde aquellos primeros años de vida se viene estimulando el sentimiento de culpabilidad.

La concepción evolucionista también contribuye a que el hombre vea como algo natural que la idea de la supervivencia del más fuerte situando a las diferentes especies una por encima de la otra. La aceptación de esta estructura escalonada promueve el pensamiento de que unos son superiores a otros.

De esta manera el sentimiento de superioridad está contaminado por la culpa. La gente se siente culpable de la mayoría de sus acciones y busca paliativos que laven su conciencia. El concepto de capitalismo ético es un excelente ejemplo. Algunos productos vienen con la etiqueta de la solidaridad porque mediante su consumo se aporta a una causa mayor, ya sea ecológica o de aportación a proyectos sociales, y consumiendo estos productos la gente puede tener la conciencia limpia. Cada persona encuentra su propio camino, eso es indiscutible, pero personalmente no puedo decir otra cosa que ese tipo de auto engaño es detestable, especialmente cuando los que obran de esta manera intentan convencer al resto de la humanidad que esa es la forma correcta de obrar.

2 comentarios:

  1. Boris pensador, cuál es el camino de la espontaneidad?

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  2. Yo no puedo tener un verso dulce
    que anestesie el llanto de los niños
    y mueva suavemente las hamacas como una brisa esclava.
    Porque yo no he venido aquí a hacer dormir a nadie.
    Además... esa tempestad ¿quién la detiene?

    León Felipe

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