lunes, 5 de diciembre de 2011

Capítulo 21


El jueves es el mejor día de la semana para salir por la noche. Los que salimos este día solemos ser las personas que intentamos escapar de los convencionalismos. No nos importa llegar resacosos el día siguiente al trabajo. Salir dos días a la semana, viernes y sábado, nos resulta insuficiente. Me atrevería a decir que la noche del viernes es la que la gente destina a los amigos y a la salida de solteros. Mientras que la noche del sábado es una noche típicamente de pareja. La noche del jueves es definitivamente la de los solitarios. Los que salimos lo hacemos sin una idea predeterminada. Sin la necesidad de llamar a nadie abandonamos nuestros hogares con la intención de tomar unas cervezas o simplemente salimos a caminar. Sin saber exactamente cómo es que llegamos hasta allí, nos encontramos desinhibidos tarareando una canción. Eso es lo hacia ayer en el bar Itaca a las dos de la mañana. La canción que sonaba despotricaba contra la gente que va demasiado lento, o eso creí entender. Cuando me dí cuenta la canción ya había acabado y yo seguía repitiendo una de sus estrofas. Cuando miré la botella de cerveza ya estaba vacía. Entonces señalé mi botella y le indiqué al barman que me sirviera otra. Me levanté y me dirigí a la gramola a poner una canción. Quería volver a escuchar la misma canción del grupo The Doors que había sonado minutos atrás. En la maquina había una chica morena con el pelo lacio que le llegaba casi hasta la cintura. Me impresionó su altura. Calculé que debía tener metro ochenta, igual que yo, o puedo que un poco más. No podía estar seguro estaba reclinada sobre la máquina apoyando un codo en la superficie vidriada y la mano sosteniendo su cabeza. Sin mediar palabras introduje una moneda de dos euros. Recién cuando ella me miró le propuse eligiera una canción y que la siguiente la elegiría yo. 

<No se muy bien qué elegir, hoy estoy indecisa> me contestó.

<Entonces hacemos al revés> le sugerí <yo pongo mi canción y tú te tomas tu tiempo para elegir la siguiente. 

Mientras sonaba la canción Roadhouse Blues yo bailaba a escasos metros de la maquina. Con la cerveza en la mano pude apreciar que a la morena le costaba horrores tomar una decisión. De tanto en tanto me miraba de reojo. 

Así son los jueves pensé. La gente sale a buscar algo, no sabe muy bien qué. Quiere hacer algo sin la necesidad de dar explicaciones a nadie. La noche de los jueves es definitivamente de los solitarios, de la gente que sale a buscarse a sí mismo. A mi entender es la mejor noche de la semana. A pesar que al día siguiente tengo que soportar las caras de desaprobación de mis compañeros de trabajo que no demoran en descubrir que nuevamente llego trasnochado. Para colmo me ven escribir esto que estás leyendo y se enervan aún más. Me da igual, que piensen lo que quieran.
Anoche mientras echaba un vistazo al cuerpo de la morena de la gramola me acordé de la historia que suele contar Enrique sobre su abuela. Resulta que el día después de cumplir las bodas de oro la vieja le dijo a su marido que no quería saber más nada de él. 

<Vete a vivir a la torre de Rosas y déjame en paz.>

No sabe como pudo aguantar tanto tiempo a su lado. Los últimos años de su vida quiere dedicarlos a buscarse a sí misma. Argumenta no conocerse. Sentirse absorbida por la intimidante presencia de un hombre tacaño y acaparador. No piensa quedarse cuidando a un viejo el resto de su vida.
En un principio el abuelo de Enrique piensa que se trata de una broma. La contundencia de las palabras de su mujer lo disuade rápidamente. 

<Te has vuelto loca, mujer> es la frase más repetida por el viejo.

<Necesito saber quién verdaderamente soy y espero poder conseguirlo antes que me sorprenda la muerte.>

Un mes después de haber intentado infructuosamente, y por todos los medios, recuperar la relación, el viejo, comprende que su mujer ha tomado una decisión definitiva y que no habrá marcha atrás. Desolado ante la pérdida se refugia en el bar y en las interminables caminatas. Descubre que su afán de cariño incondicional no había hecho más que absorber a su mujer y generar una relación de dependencia mutua. Llegando a preguntarse quién verdaderamente es él. 

Cuando finalmente mi canción dejó de sonar pude escuchar una canción de Alejandro Sanz o uno de esos cantautores románticos. La morena me miró y se acercó bailando. Bailamos juntos. Creo que yo bailaba una versión ralentizada de la canción de The Doors. Nadie sabe exactamente quién es. Hacerse continuamente este tipo de preguntas no conduce a ningún lugar. Si no sé quién soy me lo invento. 

2 comentarios:

  1. Boris, así no vas a llegar a ningún lado, que pensas?, que los que se creen estar fuera del sistema realmente lo logran?. Mientras vivan, coman, salgan de juerga, follen y se diviertan están dentro!!
    JCA

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  2. Quien no se atreve a fiarse del entendimiento intenta hacerlo sospechoso.

    Friedrich Nietzsche

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